Feria del Libro de Buenos Aires
La quincuagésima edición de la Feria del Libro de Buenos Aires acaba de cerrar sus puertas.
Esta Feria, la más extensa del mundo en la materia, ha durado diecinueve días, contado con más de 1.340.000 de visitantes -casi un 10% más que en la edición precedente-, más de 1.500 actos culturales y de 5.300 firmas de autores, y se ha desarrollado en un espacio de 45.000 m2. Contó con 480 expositores nacionales e internacionales y con 1.587 sellos editoriales distribuidos en nueve pabellones y doce salas de eventos, además de un Pabellón de Homenaje de 2.750m2 dedicado a la Historia de la Feria, y una instalación inmersiva y laberinto de textos en homenaje a Jorge Luis Borges a 40 años de su fallecimiento.
Quince países, además de la Unión Europea, contaron con stands propios. Perú fue el país invitado de honor -en las anteriores ediciones solo se invitaron ciudades- con un espacio de 500 metros cuadrados dedicado a la promoción cultural y editorial de la patria de Mario Vargas Llosa, César Vallejo, José María Arguedas, Inca Garcilaso, Blanca Varela y Fernando Iwasaki. Los premios Nobel J.M. Coetzee (2002) y Mo Yan (2012) dijeron presente. Autores de la talla de Arturo Pérez-Reverte, Santiago Posteguillo, Leonardo Padura, María Fernanda Ampuero, Clara Obligado, Nona Fernández, Santiago Mikel, Luisa Valenzuela, Liliana Heker, Agustina Bazterrica y Claudia Piñeiro, entre otros, conversaron con el público y engalanaron las casi tres semanas de encuentro. Veinticuatro Premios Cervantes pasaron por la Feria en sus cincuenta ediciones.
Aunque lo importante no son los números sino las letras, las cifras hablan por sí mismas. Desde hace tiempo, la de Buenos Aires se ha ganado un lugar entre las más importantes y se ha transformado en un faro en la escena literaria mundial.
Para fomentar la lectura, los estudiantes que visitaron la Feria con sus colegios pudieron llevarse un libro de su elección sin costo, entendiendo que el primer libro elegido por propia voluntad es el que suele iniciar un hábito para siempre.
Pese a las constantes crisis económicas que cíclicamente sacuden al país, la literatura sigue convocando, firme señal de que no todo está perdido en un mundo tan convulsionado. Es que la lectura enseña, acompaña, alienta, advierte, interpela, motiva, ilumina… Y los lectores -en la constante búsqueda de buenas historias, ávidos de descubrir nuevos autores para regresar siempre a losn clásicos, deseosos de vivir tantas vidas como la literatura les permita, es decir, una infinidad de realidades paralelas que, se lea el género que se lea, no hacen sino enriquecer su real y concreta existencia- siempre agradecidos.
Mientras estamos sentados en un cómodo sillón del salón, en un bar acompañados de un café, en una plaza, en la cocina o en el balcón, en el colectivo o en el subte, debajo de un árbol o al costado del río, en la escasa pausa del almuerzo o en la prometedora velada nocurna, en el cordón de la vereda o, por qué no, hasta caminando, nuestros amigos, los libros, nos acompañan. Ellos no cambian la realidad circundante pero su lectura embellece la de cada uno de nosotros, la transforma y nos hace un poco más felices.

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